¡No te pongas los zapatos del ayer!
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¡No te pongas los zapatos del ayer!

10 de Enero de 2017 07:52h

María José Navarro
María José Navarro

Cuan a menudo dice un anciano: “Estoy muerto de cansancio”, o bien “Ya no puedo más, ya no quiero más” y se deja llevar un día más como un anciano decepcionado del mundo, quizás con una postura corporal decaída y triste. Pero mientras más pensemos así más le damos a nuestro cuerpo la programación de marchitarse, de rendirse ante la vejez, de modo que la persona envejece irremediablemente y por último se hace vieja. Pero quien ha seguido siendo joven en el interior es considerado y paciente con los demás, especialmente con la juventud, pues ha experimentado que se debe dejar libre a la juventud para que siga su  propio rumbo de vida.

Una regla básica espiritual es no ponerse jamás los zapatos del ayer, sino mirar hacia adelante, también en la conciencia de que Dios nos espera en lo profundo de nuestra alma, pues Cristo desea abrirnos el portal hacia la vida interna, que podemos traspasar a través de Su conducción y Su fuerza en todas las etapas de nuestra vida. También es importante poner atención al aspecto externo, pues sin un cuidado externo la imagen interna de la juventud no puede desarrollarse ni tampoco se la puede conservar viva. En lo externo podemos acentuar la imagen interna tanto como nos parezca conveniente. Estimado lector si lo desea apúntese la siguiente reflexión, dice Gabriele la autora de estas líneas, pues en la práctica nos podría ayudar en la vida diaria: “Una postura erguida es una señal de sinceridad frente a ti mismo y a tus semejantes; las  personas con una postura sincera (erguida) son casi siempre los que sobresalen en las conversaciones. Observémonos a nosotros mismos”.

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