Max Previsor
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Max Previsor

17 de Mayo de 2017 13:47h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Max era un sujeto único y excepcional de padre británico y madre española, se movía perfectamente entre pronósticos y previsiones, procurando prevenir los posibles problemas que pudiera tener y potenciando sus posibilidades de éxito.

Mantenía un gran nivel de empatía con los demás porque sabía colocarse sin grandes esfuerzos en su lugar. Era simpático y cordial. No se dejaba dominar jamás por el aburrimiento y siempre aprovechaba lo mejor que le ofrecía cada tiempo y espacio que le tocaba vivir.

Desde la magia de cada día procuraba hacer de cada jornada  algo digno de vivir, sorprendente pero controlable, y entre leyendas, círculos envolventes, jugadas maestras de ajedrez, lugares perdidos y paraísos encontrados, parecía todo un guión perfectamente programado de una película.

No podía dejarse dominar por el aburrimiento de quien todo lo tiene previsto y estudiado, y aspiraba a ser el entusiasta capaz de superar todos los obstáculos. Debía vencer la pereza y la comodidad de no querer cambiar nada o del lampedusiano efecto de cambiarlo todo para que nadie cambie.

Entre pompas, lujos y boatos, alivios y preocupaciones, idas evitables y regresos inevitables, orgullos y pasiones, acorralamientos y acosadores, dormires y despertares, maleficios y beneficios, se había propuesto cambiar las cosas que no funcionaban para sentirse pleno y no consentir las mentiras.

Previsor lo tenía todo al día, sus papeles, sus documentos, sus tareas administrativas y además una gran capacidad de decisión para que ninguna situación por muy imprevista que fuera le cogiera sin todo absolutamente planificado.

A sus 72 años, no le obsesionaba envejecer ni encontrarse confuso sin saber muy bien adonde ir. Sin dejar de oír la voz de sueños, iba por la calle estrechando todas las manos del mundo. No quería ser tacaño en caricias y prodigo en gritos.

Aprovechaba las situaciones y los personajes importantes e insignificantes y desde su actuación sincera, reconocía que todos cometemos errores y sabía esforzarse por respetar las decisiones ajenas. Estaba dispuesto a actuar desde el corazón sin dejarse llevar ni por las emociones negativas ni por el miedo.

Con los años había podido ir viendo todo con claridad meridiana. Había logrado doblegar su voluntad en aquellas conductas no deseables y con el talento y desparpajo de un galán intrigante había descubierto nuevas maneras de presentar a todo el mundo en que cosas estaban fallando.

No se tomaba por la tremenda ninguna pequeña derrota. Los errores llevan al aprendizaje y estaba a punto de comenzar una buena racha en su vida. Debía renovarse, tanto por dentro como por fuera y ser valiente para vivir con todas las consecuencias.

Sin embargo, hay quienes como Max, saben ponerle sabor a sus vidas , que hay un tiempo para el duelo y otro para la alegría, que por mucho que se empeñara en saber todo lo que tenía y debía hacer desde que se despertaba por la mañana , siempre debemos dejarle un sitio  a lo inesperado y  a lo sorprendente.

Sabía esperar para cambiar la realidad y salir de la rutina, en espera de que llegaran nuevas ideas, dándole a su vida una perspectiva nueva, real y cercana. Nada ni nadie podían disuadirle, debía ser valiente. Entre borrones y tachaduras era el momento de dar un paso adelante.

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