La mala suerte y el azar
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La mala suerte y el azar

11 de Septiembre de 2017 12:20h

Teresa Antequera Cerverón
Teresa Antequera Cerverón

A muchos animales se les cría para experimentar con ellos en los laboratorios porque los científicos son de la opinión de que los animales no poseen la capacidad de sentir. Con ello se persigue investigar determinadas enfermedades o probar en animales la reacción de nuevos medicamentos, y analizar así cómo reaccionan a los mismos. Pero estemos atentos, ya que desde hace tiempo se sabe que cuando los hombres reaccionan es porque sienten, por lo que cuando los animales reaccionan es que también sienten. Ellos de forma similar a nosotros sienten, sufren y tienen miedo ante la muerte antinatural.

El hombre se ha hecho culpable a causa de su comportamiento contrario a las leyes cósmicas eternas, es decir ha sembrado y siembra a cada instante a través de sus pensamientos, palabras y formas de comportamiento, motivo por el cual recogerá aquello que ha sembrado en el campo de su alma. La simiente se abrirá primero en su alma e irradiará después a su cuerpo. Los efectos que se hacen notar en el cuerpo del hombre pueden ser enfermedades, padecimientos, golpes del destino, soledad, abandono, penurias y muchas cosas más, es decir los padecimientos humanos nada tienen que ver con el azar ni con un Dios malvado o arbitrario, tienen que ver con nuestro comportamiento. ¿Qué culpa tiene entonces el animal inocente si el hombre se autodestruye por sus propias causas, por su siembra negativa?  

¿Pueden servir de algo los experimentos en animales cuando las causas de la enfermedad del hombre no se encuentran en su cuerpo, sino en su alma que es desde donde fluye la enfermedad? Un medicamento testado en el cuerpo de un animal y aceptado como bueno no puede curar la causa en el alma del hombre. Por ello ningún medicamento proporcionará sanación verdadera y definitiva, puesto que las causas se encuentran en el alma. Este es el motivo por el cual Jesús de Nazaret sanaba a los enfermos y luego les decía: «Tus pecados te son perdonados, ve y a partir de ahora no peques más»


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