Ízaro Ingenuo
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Ízaro Ingenuo

13 de Diciembre de 2017 07:00h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

Izaro jamás había cometido una falta, y mucho menos se había acercado en su comportamiento a una acción delictiva. De pequeño había sufrido todo tipo de vejaciones en la calle o en la escuela, pero no tenía ningún trauma por ello ni guardaba ningún tipo de rencor o resentimiento.

Era bueno en el mejor sentido de la palabra, mejor dicho hacía honor a su apellido y tenía todos las papeletas de la ingenuidad., incapaz de odiar a nadie , de expresar ningún reproche o albergar afanes o deseos de venganza hacía quienes le habían hecho sufrir.

Nunca perdía la ocasión de ayudar a los más débiles y desfavorecidos y hacía gala de esa magia poderosa de ser todo corazón con los demás y mostrar su bondad con todo aquel que lo requería. Siempre opinaba  bien de los demás y no creía en ese dicho de “piensa mal y acertarás.”

Muchas veces quienes no le conocían podían pensar que su inocencia era fingida, que su simpleza  era una actuación  para impresionar a todos. A pesar de su credulidad, no era fácil de engañar, pero si sucumbía a los manejos de quienes le rodeaban por ser excesivamente confiado...

Cualquier cambio interior era transparente para quien lo observara, y las transformaciones exteriores eran muy evidentes.  Se mostraba solidario y daba la cara por quienes estaban en peligro o manifestaban cualquier tipo de necesidad.

No había foro ni espacio en el que Izaro pronunciara una palabra o una expresión descalificatoria hacia los demás. Incluso, siempre encontraba una forma de justificar o excusar el comportamiento, a veces inadecuado de otros.

Pero lo más grandioso de Ingenuo era su capacidad de perdonar sin límites, todo y en cualquier circunstancia, lo que le permitía gozar  de la mayor insignificancia como si fuera la cosa más prodigiosa animada de la magia más poderosa.

 Dicen que la ingenuidad es una característica de la personalidad que no conoce de edad, sexo, nivel cultural o social y que se aprende, pues no había sido el caso de Izaro, y aunque a él, no le había reportado grandes ventajas, reconocía en público y en privado, que no podía evitarlo.

A veces, nuestro personaje, perdía el sentido de la realidad, y pensaba que todos los seres humanos eran como él, y en esas circunstancias solía ser una presa fácil de listillos y aprovechados, y era víctima propiciatoria de quienes  mienten, manipulan y no tienen escrúpulos.

Una de esas mañanas en las que tras afeitarse, se disponía a salir a la calle, se dijo , una y otra vez que sin dejar de ser él, no podía pasar de la ingenuidad a la tontura, y se propuso poner más atención y hacer más caso de sus intuiciones y sensaciones.

Empeñarse en distinguir, que no es lo mismo perdonar que consentir, que fuera probable que lejos de favorecer a las buenas personas, estuviera alimentando a los abusadores. Había decidido pararse y reflexionar para ver qué ventajas le reportaba el ser tan ingenuo y lo más importante que coste estaba pagando por ello.

Tenía que superar un cierto sentimiento de culpa, que si dejaba de ser como era , se iba a convertir en una mala persona , sin tener en cuenta que las experiencias en nuestras vidas , sobre todo las negativas son las que nos resultan más útiles y por tanto, las que más nos sirven y aquellas que más nos hacen aprender.

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