Guardias civiles como examinadores de tráfico
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Guardias civiles como examinadores de tráfico

06 de Noviembre de 2017 18:47h

Javier A. Salvador, @jsalvadortp
Javier A. Salvador, @jsalvadortp

La crisis generada por los examinadores de tráfico ha llegado a tal extremo que se ha convertido en rehenes no sólo a las autoescuelas, sino a muchas personas, -quizás demasiadas y de ahí su error de cálculo-, que necesitan ese permiso de conducir para incorporarse al mercado laboral o con cualquier otro fin, pero el hecho es que nadie puede cumplir con un trámite que para muchos puede ser vital. Pronto empezarán las picarescas virales de quienes ofrecen exámenes en países limítrofes, los que conseguirán en su provincia o zona de influencia que se examine a los elegidos, y demás creatividades muy españolescas que harán crecer la bola hasta que finalmente nos preguntemos si podemos permitirnos que un cuerpo de funcionarios tan específico sea capaz de generar semejante caos.

Y llegados a este punto es el momento de mirar hacia atrás y tomar ejemplos del pasado, cuando en este país si querías viajar en avión primero tenías que ponerle una vela al santo patrón de los controladores aéreos, los funcionarios públicos mejor pagados y cuyas reivindaciones nunca tenían fin o así, al menos, fue como quedó dibujada su imagen de cara al público para los restos. De ahí a que el ejército tomase el mando temporal de los centros de control aéreo a golpe de decreto sólo hizo falta una nueva huelga en las sagradas vacaciones de los españoles.

Si los examinadores de tráfico no tienen memoria o imaginación suficiente para saber qué les puede pasar, podrían imaginarse que el Gobierno de España se apuntaría hoy día un tanto importante si con un nuevo decretazo pusiese a la Guardia Civil de Tráfico a examinar a los nuevos conductores hasta eliminar la lista de espera ¿Una locura? Pues mas o menos del mismo calibre que ver al ejército tomando el mando de los centros de control aéreo y aunque suspendiesen al 80% de los alumnos serían aplaudidos por todos al mismo tiempo que los malos pasarían a ser las autoescuelas, tachadas a partir de ese momento de cobrar mucho y preparar poco.

Llegados a este punto Asextra, que creo que es la organización mayoritaria del sector, o cualquier otra que les represente, debe plantearse si provocar huelgas de hambre como la de dueños de autoescuelas en Almería o la desesperación entre miles de jóvenes o no tan jóvenes que necesitan examinarse es el camino para dejar en evidencia a un Gobierno que les ha engañado. No olvidemos que los profesores piden un complemento de 240 euros al mes que ya les prometieron, así como aumentar el número de examinadores, que a día de hoy es mas bajo que en 2014.

Si el Gobierno toma la decisión de ponerles auxiliares con uniforme para paliar la crisis nacional de los examinadores, no sólo perderán la batalla, sino la poca imagen que les queda. Y no deben olvidar nunca que son personas temidas, funcionarios que examinan y por lo tanto casi a la altura de los inspectores de Hacienda en lo que a cariño ciudadano se refiere.

Otra salida algo heavy pero que pondría al Gobierno contra las cuerdas sería tomar la vertiente contraria a la actual. Y me explico. Si su ministerio no considera su trabajo con la valía suficiente como para aumentar la plantilla y soltar 240 mensuales de complemento, la solución no es otra que pasar la pelota al siguiente. Huelga a la japonesa, barra libre en los exámenes, aprobados a tutiplén no sólo hasta que se acabe la lista de espera sino hasta el infinito y mas allá. Exámenes cortos, sin riesgo y que las autoescuelas asuman mayor responsabilidad en la preparación de los candidatos y la Guardia Civil de Tráfico sobre quienes salgan a la carretera con escasa formación. Los fabricantes de coches y motos venderán más unidades, y con ello habrá más empleo. Las aseguradoras se pondrán las botas subiendo primas y el Estado recaudará mucho más con multas a los más inconscientes e igual en ese momento es el propio Gobierno quien se fija en ellos para poner freno a esa barra libre que a la larga, pero no muy a la larga, le saldrá mucho más cara que haber subido los 240 euros de complemento a su debido tiempo. Y como decía Claudiano, no es victoria verdadera sino la que obliga al enemigo a confesar su vencimiento.

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