Gestionar oportunidades en Almería
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Gestionar oportunidades en Almería

09 de Octubre de 2017 13:21h

Javier A. Salvador, @tpjsalvador
Javier A. Salvador, @tpjsalvador

Una carrera profesional está marcada por esos momentos en los que tienes que demostrar habilidad para gestionar oportunidades, esos trenes que pasan y en los que sólo tu tienes la decisión de subirte y, lo que es mas complicado, mantenerte en él sin que se te pase la estación en la que hay que bajarse. Pues bien, si mas o menos lo aprendemos para nuestro desarrollo personal, donde los errores se pagan caros, no podemos permitirnos la chulería de obviar los trenes que pasan ante nuestros ojos y que afectan al conjunto. Y les voy a poner un ejemplo que van a entender. Miles de personas se subieron el pasado domingo en Barcelona al tren de plantar cara al independentismo. Es un problema colectivo y tomaron el tren de empezar a dejarse ver ante dos administraciones, la central y la autonómica, que mantienen un macabro diálogo entre sordos. En Murcia, otro ejemplo, se han subido al tren de plantar cara a los planes de Adif para hacer una chapuza que les permita cumplir, a medias, con sus planes de hacer llegar el Ave para empezar a contentar a otros con la misma precariedad final. Un problema colectivo de menor ámbito, pero que también ha provocado una gestión colectiva de la oportunidad.

El Almería, la ciudad en la que no dejamos los trenes pasar por el hecho de que no llegan, tenemos un enorme déficit de gestión de las oportunidades, de esas que permiten poner coto a los desmanes de las administraciones. Y esos desmanes viene provocados por el silencio de quienes vemos pasar los trenes de establecer líneas rojas. Por ejemplo, no es normal que nos despertemos con la denuncia de un político diciendo que le alarma la cantidad de contratos que se hacen por invitación, sin publicidad, en el Ayuntamiento de Almería y que sigamos lavándonos los dientes sin que nos atragantemos con el dentífrico. Hablamos de millones de euros, miles de millones de las antiguas pesetas.

Pero es mucho peor si unos días antes un empresario denunciaba en la SER que había sido invitado a uno de esos concursos públicos sin publicidad y que cuando fue a ver lo que tenía que hacer, con el único objeto de presentar una buena oferta, se encontró con que el trabajo estaba hecho. Dicho de otra manera, que había sido un burdo engaño o un lamentable error, según lo interpretes con lenguaje de la calle o con argot político. 

El caso tendría que haber terminado con la dimisión, cese o expulsión del concejal que no sólo no se avergüenza del error, sino que tiene los santos cojones de decir que de esos traspiés está plagada la administración. Todo un elemento a tener fichado a partir de ahora porque nos recuerda aquello de “la manía de sostener que todo va bien, cuando todo va mal”, como nos decía Cándido en su definición del optimismo.

Y claro, la pregunta es muy sencilla ¿Por qué no le cesan?

El primer impedimento es muy sencillo. A este concejal, Juan José Alonso, le deja un empresario con el trasero al aire, pero aún no hay denuncia, ni tan siquiera una investigación de oficio, que sepamos. Aun así, lo que está claro es que no hay imputación alguna, caso muy distinto al que tenemos en el mismo Ayuntamiento de Almería con el actual concejal de Urbanismo, Miguel Ángel Castellón, que está imputado junto al alcalde de Olula en una de las tres causas que hay abiertas contra él. A Castellón se lo llevarán por delante debido a que era él quien firmaba las obras de esa localidad como diputado provincial, ya que existen pruebas de que funcionarios de su área firmaron actas oficiales según las cuales las obras no estaban ejecutadas, mientras que al mismo tiempo el alcalde menos inteligente de la comarca del mármol colgaba en su muro de Facebook las fotos de una rotonda totalmente terminada, pistas deportivas a punto de finalizar y todas esas cosas. Es mas, Gabriel Amat, como presidente de la Diputación firmó esos contratos pese a que ya habían pre inaugurado esas obras en varias ocasiones. Y claro, qué va a asustar al alcalde de Roquetas de Mar que dejó destrozar los acantilados de Aguadulce para que luego, además, no se hiciese nada y encima Roquetas tenga que compensar millonariamente al promotor.

Podemos seguir centrados en las oportunidades individuales, en las que nos afectan personalmente y seguir dando la espalda a esas que de una forma u otra nos conciernen a todos. Imaginen, por ejemplo, que en vez de ser cuatro o cinco las empresas que se comen todos los contratos públicos, llega un hipotético escenario en el que los criterios con los que se reparten esos trabajos empiezan a ser exclusivamente objetivos. Igual, si llega a suceder, nos damos cuenta de que por delante nuestro empiezan a pasar mayor cantidad de trenes con oportunidades individuales.

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