Fichada y la cuesta de enero
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Fichada y la cuesta de enero

03 de Enero de 2018 10:04h

Loly Cruz, periodista
Loly Cruz, periodista

Dicen que las cuestas siempre cuestan trabajo subirlas, sobre todo si andas regular de las piernas. Luego tienen su lado bueno, suben el culo, o eso dicen. Claro, en las mujeres, nosotras, como es evidente tenemos que tenerlo respingón, ese es un punto clave para tener un pase.

Las cuestas son buenas consejeras. Nos aconsejan que el año que viene nos acordemos antes. Si lo hubiéramos sabido, hubiéramos guardado, siempre es bueno tener un colchón para estos momentos. En la siguiente, se nos ha olvidado.

Si analizamos esta cuesta, la de enero, trae más recelos que consejos. Ya han pasado las 48 al olvido, empieza el marcador desde cero. 

Antes de terminar con el que suma y sigue, nos quedamos con cuatro más que el año pasado. Hemos cerrado un cuenta-víctimas y abrimos otro. O eso es lo que nos venden. Yo no suelo seguir los consejos y no paro de sumar, ya llevamos 1.016 mujeres asesinadas a manos de los tremendos machos ibéricos. No, miento, muchísimas más. Pero el contador comenzó con la inocente Orantes. Digo inocente, porque inocentemente denunció. Denunció y encima, para más ímpetu, públicamente. Él no quería que se supiera y estoy segura que no por vergüenza, porque de eso carece completamente. 

Años simbólicos son los que van pasando. Se cierra uno y se abre otro. Como si el mundo se hundiera para volver a nacer. Como si las heridas cicatrizaran con el uno de enero o como si todo lo pasado, pasado estuviera.

Cerramos un calendario virtual con una chica cargada de vida, con millones de sueños, algunos objetivos y seguramente con ilusión y nerviosismo, típico con la recién estrenada mayoría de edad. Una familia, una sonrisa y un niña que comenzaba a respirar. Pero la pobre tenía un gran mal. Ella portaba alegría, cercanía y a buen seguro, humildad. Además, portaba un buen cuerpo, de esos que nos vende la prensa, susurraba en las Redes, se veía activa y como no, ese pelazo deslumbrador. Nos dicen sutil o descaradamente, según como se mire, que éste es un gran mal y por supuesto,  fue el motivo del final. Un ser con ojos, como acertadamente los define mi gran amiga Conchita, entendió que era la elegida. Un ser, porque respira. Y con ojos, porque ve demasiado bien. Y perdonad, pero con un cerebro construido a base de fichas de Lego sin manual.

Digo un gran mal porque los tiempos cambian. Cambian las modas, cambian las perspectivas y también los valores. Justificaciones absorbidas a base de poesías, de biografías o de chorradas que nos intentan inculcar cual es el perfil de una víctima de violación o de maltrato. Si no quieres ser violada tienes que ser poco agraciada. Perdonadme, pero el mundo está al revés.

Comentarios, usos de imágenes y argumentos fomentando estereotipos machistas o justificaciones sin sentido, anhelando a esas buenas prácticas de vestimenta o comportamiento que pueden librarte de una violación, acentuando aún más esta sociedad patriarcal contra la que luchamos.

Tú, ser con ojos, te la llevaste. Y con ella, son 49. Pero ahora, uno de enero, empieza el marcador desde cero.

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