Acacio Bullicioso
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Acacio Bullicioso

15 de Marzo de 2017 10:40h

Juan Antonio Palacios Escobar
Juan Antonio Palacios Escobar

En la vorágine de su vida, no sabía muy bien en que tiempo y espacio habitaba, que día de la semana era ni en qué lugar se encontraba.  Lo mismo era festivo, pero el continuaba moviendo los hilos como si no  pasara nada, estuviera en su despacho, en su casa, en medio del campo o en un aeropuerto.

Hablar con Bullicioso era , en ocasiones, un diálogo de besugos , en los que nadie se comunicaba con nadie , y a pesar de su entereza y aplomo , de haber encontrado  la pócima secreta para tener la mente ocupada y no echar de menos a nadie, tenía la sensación de ser un oasis en medio de la nada.

Acacio no era de aquellos que se creían inamovibles, pero de los que entre chancletas  y pantuflas, necesitaba concentrarse para terminar los trabajos que se había propuesto y en ocasiones, sus lamentos y lágrimas eran necesarias para limpiar los dolores que el mismo se causaba.

Era consciente que habitaba  en el silencio cuando meditaba y que en su grado máximo de concentración,  su energía positiva y su dinamismo le hacía alcanzar límites insospechados. Cuando  perdía el control era muy irritable y sentía la tentación de desconectar.

Su apatía le invadía acompañada de tristeza e indiferenciación. Sabía que contaba y era alguien, en la medida en que era mirado, y estaba tentado  de olvidar el pasado y centrarse más en el presente, y entre vinculaciones y distancias dejar más espacio para lo que le divertía y  para sentirse más realizado.

A veces tenía que enfrentarse a las duras palabras de alguien a quien quería, y era mejor que no se lo tomara a la tremenda. Era consciente que cuando se hacía visible estaba rodeado de un aura mágica y que leer más, le hacía más sabio y más fuerte ante las adversidades.

Bullicioso, entre orgullos y pasiones, había renunciado a muchas cosas que le gustaban, vivía al máximo, disfrutaba de lo que tenía y no se dejaba llevar de la pereza y la monotonía. Tenía que tomar medidas que le ayudaran a mejorar. No debía incurrir en la obstinación ni luchar inútilmente contra el tiempo.

A pesar de su permanente ir de un lado para otro, se sentía angustiado cuando las cosas se salían de madre, porque en el fondo de su ser era un amante del orden y no estaba demasiado contento con los cambios que él mismo había propiciado.

Entre un vacío lleno y un lleno vacío, debía descubrir el equilibrio de tomar buenas decisiones siguiendo su intuición, rechazando los puntos de vista inamovibles que le inutilizaban. Eran los momentos en los que necesitaba alejarse y buscar un rincón tranquilo para estar su aire.

De vez en cuando aparecía aquella piedra en el camino que el apartaba con una gran habilidad y tenacidad. Las cosas no eran tan fáciles ni tan difíciles sino distintas en cada momento, entre latidos misteriosos, aprobaciones y prohibiciones  fiestas y funerales, rarezas y normalidades.

Sabía que por mucho que se preguntara las respuestas las hallaría en el mismo  y en sus experiencias, y que las lecciones que la vida te ofrece son de ida y vuelta. , que es difícil construir sobre ruinas pero es posible colocar unos buenos cimientos para elevar una nueva casa.

Si apostaba podía perder o ganar, lo que nunca debía hacer  era renunciar  y no  intentarlo, y en ocasiones encontraría  felicidad  y en otras tristeza, pero tenía que insistir hasta lograrlo y no rendirse ni perder el rumbo en insólitas polémicas que no le llevaban a ninguna parte sino a desgastarse inútilmente en cansancios y hartazgos.

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